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Los motivos por los que un móvil se vuelve lento con los años y cuándo merece la pena cambiarlo

  • El almacenamiento casi lleno, las aplicaciones exigentes y una batería degradada pueden afectar al rendimiento del teléfono.
  • Liberar espacio, actualizar el sistema y revisar la batería puede devolver fluidez antes de plantearse comprar otro móvil.

Que un teléfono funcione peor después de varios años no significa necesariamente que su procesador se haya quedado obsoleto. El rendimiento depende de un conjunto de factores que van cambiando con el uso: el espacio disponible, las aplicaciones instaladas, la memoria, la batería, la temperatura e incluso el estado del sistema operativo.

Apple y Google incluyen precisamente estos elementos entre las primeras comprobaciones recomendadas cuando un iPhone o un teléfono Android empieza a responder con lentitud. Antes de pensar en sustituirlo, hay varias causas que pueden explicar por qué un dispositivo que anteriormente funcionaba con fluidez tarda ahora más en abrir aplicaciones, cambiar entre ellas o realizar tareas aparentemente sencillas.

Tener el almacenamiento casi lleno sí puede afectar al móvil

Fotos, vídeos, aplicaciones, conversaciones, descargas y archivos temporales van ocupando progresivamente la memoria interna del dispositivo.

Cuando el espacio disponible comienza a escasear, el sistema tiene menos margen para gestionar archivos temporales y otras operaciones. Google señala expresamente que liberar almacenamiento puede ayudar a que un dispositivo Android funcione mejor, mientras que Apple recomienda mantener al menos 1 GB de espacio libre para evitar ralentizaciones en iPhone y iPad.

Eso no significa que haya que vaciar continuamente el teléfono ni mantener decenas de gigabytes sin utilizar. El problema aparece especialmente cuando el almacenamiento se aproxima a su límite.

En Android se puede comprobar desde el apartado de almacenamiento de los ajustes qué categorías están ocupando más espacio. Google ofrece además herramientas para eliminar aplicaciones que ya no se utilizan, archivos descargados y contenido almacenado localmente. En iPhone existe una gestión similar desde el apartado de almacenamiento, incluyendo la posibilidad de desinstalar automáticamente aplicaciones poco utilizadas conservando sus documentos y datos.

Memoria RAM y almacenamiento no son lo mismo

Uno de los errores habituales al hablar del rendimiento de un teléfono es utilizar indistintamente memoria y almacenamiento.

El almacenamiento conserva fotografías, vídeos, aplicaciones y otros archivos incluso después de apagar el dispositivo. La memoria RAM, en cambio, es el recurso que utiliza el sistema para mantener en funcionamiento las aplicaciones y procesos que necesita en cada momento.

Google explica esta diferencia al abordar los problemas de espacio en Android: almacenamiento y memoria cumplen funciones diferentes y una escasez de una de ellas no implica necesariamente que falte la otra.

Android, además, está diseñado para utilizar una gran parte de la memoria disponible y mantener aplicaciones preparadas para poder volver rápidamente a ellas. Tener poca RAM libre, por tanto, no significa por sí solo que exista un problema. El propio sistema administra esa memoria y puede cerrar procesos cuando necesita liberar recursos.

Las aplicaciones también se vuelven más exigentes

El teléfono puede no haber cambiado, pero el software que utiliza sí.

Las aplicaciones reciben nuevas funciones, interfaces, servicios en segundo plano y otros componentes que pueden aumentar sus necesidades de procesador, memoria o almacenamiento. Google recuerda en su documentación para desarrolladores que un uso ineficiente de CPU, memoria, gráficos o batería puede traducirse en aplicaciones lentas, animaciones poco fluidas o bloqueos.

Por este motivo, un dispositivo con varios años puede ejecutar correctamente las mismas aplicaciones para las que fue diseñado originalmente y, sin embargo, empezar a tener más dificultades con sus versiones actuales.

No existe un momento concreto en el que un procesador deje repentinamente de ser suficiente. La sensación de lentitud suele ser progresiva y depende mucho más del uso que haga cada persona del teléfono.

La batería también puede influir en el rendimiento

La batería es otro componente que cambia con el tiempo.

Las baterías recargables pierden capacidad y capacidad de entregar potencia a medida que envejecen químicamente. En determinados iPhone, Apple explica que el sistema puede gestionar el rendimiento cuando una batería degradada ya no es capaz de proporcionar la potencia necesaria en determinadas circunstancias, con el objetivo de evitar apagados inesperados.

Una batería deteriorada no convierte automáticamente un móvil en lento, pero sí constituye un elemento que conviene comprobar cuando aparecen problemas de rendimiento en un dispositivo con varios años.

En un iPhone compatible puede consultarse la salud de la batería desde los ajustes. Apple señala además que sustituir una batería significativamente degradada puede recuperar tanto capacidad como rendimiento cuando esta es la causa del problema.

El calor puede hacer que el teléfono reduzca temporalmente su rendimiento

Existe además una causa de ralentización que no tiene relación directa con la edad del dispositivo: la temperatura.

Los teléfonos disponen de mecanismos para proteger sus componentes cuando alcanzan temperaturas elevadas. Apple advierte de que, si un iPhone supera determinados límites térmicos, algunas funciones pueden reducir temporalmente su rendimiento hasta que el dispositivo vuelva a una temperatura adecuada.

Esto ayuda a explicar por qué un teléfono puede parecer especialmente lento mientras carga, utiliza aplicaciones muy exigentes, ejecuta determinadas tareas después de una actualización o permanece expuesto a temperaturas elevadas.

Que el rendimiento vuelva a la normalidad después de enfriarse apunta a una situación diferente de una pérdida permanente de capacidad.

Cerrar continuamente todas las aplicaciones puede conseguir el efecto contrario

Otra práctica extendida consiste en cerrar constantemente todas las aplicaciones abiertas esperando conseguir más velocidad.

En iPhone, Apple desaconseja forzar el cierre de aplicaciones que están funcionando correctamente. La compañía explica que hacerlo innecesariamente puede ralentizar el uso posterior porque la aplicación tiene que volver a cargar todos sus datos cuando se abre de nuevo.

Android también administra automáticamente la memoria disponible y mantiene procesos en memoria precisamente para acelerar el cambio entre aplicaciones. El sistema dispone de sus propios mecanismos para liberar recursos cuando son necesarios.

Cerrar una aplicación que se ha bloqueado sí puede solucionar un problema concreto. Convertirlo en una rutina permanente no garantiza, en cambio, que el teléfono funcione mejor.

Reiniciar y actualizar siguen siendo dos comprobaciones básicas

Cuando la lentitud aparece repentinamente, antes de realizar cambios más importantes conviene comprobar si existe una actualización pendiente y reiniciar el dispositivo.

Google sitúa ambas actuaciones entre los primeros pasos recomendados para diagnosticar un teléfono Android lento. También aconseja comprobar posteriormente el almacenamiento y analizar si el problema puede estar provocado por una aplicación concreta.

Una ralentización localizada en una única aplicación tampoco debería interpretarse automáticamente como un problema general del móvil. Puede tener su origen en esa aplicación, una mala conexión a Internet o un fallo temporal del servicio.

Cuándo empieza a tener sentido cambiar de móvil

La lentitud, por sí sola, no determina que haya llegado el momento de comprar otro dispositivo.

Si el problema desaparece después de liberar almacenamiento, actualizar el sistema, eliminar una aplicación conflictiva o sustituir una batería degradada, el teléfono puede continuar siendo perfectamente válido.

El cambio empieza a resultar más razonable cuando se acumulan varias limitaciones: aplicaciones importantes que dejan de ser compatibles, ausencia de actualizaciones necesarias, autonomía insuficiente incluso con una batería en buen estado, almacenamiento permanentemente escaso o un rendimiento que ya no permite realizar con normalidad las tareas habituales.

Antes de llegar a esa conclusión, comprobar almacenamiento, batería, temperatura, actualizaciones y aplicaciones permite distinguir entre un teléfono realmente limitado por su hardware y otro que simplemente necesita algo de mantenimiento.

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